PRIMERA ASCENSIÓN A
"EL CAPUTXÓ" DE MONTSERRAT
Desde Monistrol se sube por la Drecera del Angel hasta Santa Cecilia y de allí se marcha por la carretera de can Massana hasta el Camino del Coll de Porc (Km. 4095), por el cual se asciende hasta dos minutos después de pasar un mirador, limpio de árboles, encontrando una bifurcación por derecha cuyo nuevo camino conduce al Portell Estret o Collet de les Agulles. Entonces, se desciende suavemente por la vertiente S. hasta encontrar un torrente que el camino atraviesa, unos cuantos minutos después del Collet. Dicho torrente desciende de la base de El Caputxó y aunque no es el camino más limpio para llegar a él, por lo menos es ello una orientación bastante precisa. La Roca queda en lo alto de la sierra, todavía no visible, debiendo ascenderse hacia la misma por la dicha hondonada del torrente.
El domingo, 18 de mayo de 1941, acompañado de Octavio Torró, después de pernoctar en la Cueva de la Canal Ampla (más baja que el torrente del Caputxó) que se encuentra en el centro el torrente de la Canal, después de una nueva exploración en las rocas altas sobre el Collet de les Agulles y a causa de abrirse un abismo entre ellas y El Caputxó, descendemos al sitio indicado para subir hasta la base de la caprichosa roca, cuyo denominativo le habíamos aplicado.
Excepto por su lado de mediodía tiene El Caputxó paredes verticales por todos los otros. Se nos presenta por este lado en forma de espalda encorvada, y desde el sitio de ataque por su escalada, sólo hay un desnivel de unos siete metros. Tiene presas buenas, de cantos pequeños, que sirven de buenos agarraderos a Torró en su corta escalada. Trepo a mi vez, y aprecio como él desde la cima magnífica visión aérea por la banda N., así como sus acantilados.
Construímos un mojón con cantos de la misma cima, difíciles de arrancar. Dando una ojeada por la región contemplamos muchas rocas de mayor categoría que todavía aparecen vírgenes. Luego examinamos los pequeños grupos caóticos a ambos lados, los cuales ofrecen paredes verticales entre las que queda escondida la caprichosa roca que acabamos de conquistar.
Después del estudio pensamos en el descenso, que no podemos hacer de otra manera que martilleando un clavo en la cima para doblar en él la cuerda y llegar a la base de la escalada, debido a que no existe ningún arbusto providencial. Nuestros seguidores que quieran disfrutar de esta pequeña escalada lo encontrarán ya a punto para el descenso.
Ramón DE SEMIR DE ARQUER
Abril de 1942