primera al cilindre

PRIMERA ASCENSIÓN A "EL CILINDRE" DE MONTSERRAT
Por Caselles, Canal, Espunyes, Puigarnau, Torras y Serrat, del G.A.M. de la comarca de Bages, el 1-5-1936

Ascendiendo desde Monistrol, por la drecera del Angel, hasta Santa Cecilia y después a Coll de Porc, tomamos allí mismo el camino que conduce a Els Ecos. A mitad del trayecto, encima y a derecha del Collet de les Comes se encuentra la formidable aguja de piedra denominada El Cilindre. siendo su región soberbia y poco visitada.

Al pie del Collet y desde el propio camino que continúa hacia arriba y Els Ecos, empezamos el acenso por una embrozada canal que nos permite alcanzar el Collet NO. de la aguja, sitio en donde verdaderamente empieza la escalada.

Una vez hechos los preparativos, descendemos los primeros diez metros de la canal contraria y escalamos una roca anexa a El Cilindre, en cuya cima nos encordamos.

Listos ya para el ataque, corresponde a Caselles ir de cabeza de cuerda, el cual atado por la cintura y cargado de herramienta necesaria, sube sobre la espalda de Puigarnau, quien a la vez está apuntalado por Torres y Canal; teniendo Espunyes cuidado de aguantar las cuerdas.

Entretanto yo voy orientando al cabeza de cuerda sobrela vía de ascensión estudiada, puesto que hay sitios que no es fácil continuarla el delantero tal como habíamos previsto.

Caselles, separado de Puigarnau, trepa los siete primeros metros, completamente verticales, de cara al vacío, al final de los cuales se forma una pequeña verruga que es preciso alcanzar por su panza. Precisamente en este trozo de pared vemos el sitio en donde hay que invertir más trabajo en esta importante primera escalada.

Entonces se agarra con los brazos y el cuerpo pegado a la panza de la verruga, martilleándola con algunos clavos y poniendo en ellos sus correspondientes mosquetones, por cual motivo tiene sobrada confianza para continuar la escalada.

Después de esta operación hay que andar cuatro metros en paso de flanco, hacia la derecha, ascendiendo seguidamente por cinco metros muy lisos que le conducen a un pequeño rellano donde puede pasar la cuerda por una sabina muy fuerte.

Entonces trepamos nosotros, uno detrás del otro, estos quince metros de pura escalada, encontrándonos otra vez reunidos los seis de la cordada.

Faltan todavía unos diez metros hasta la cima de la roca, existiendo una canal de hierbas y gran cantidad de tierra y piedras que se desprenden de lo alto, y, aunque es fácil por existir presas grandes, hay que escogerlas con cuidado, debido a que saltan muchas de ellas al ponerles la mano encima.

Subimos dicha canal, encordados, con mucha precaución, hasta encontrarnos finalmente todos reunidos en la cima de El Cilindre, en donde nos regocijamos y felicitamos mutuamente nuestra gesta escalatoria.

Con guijarros de la cima construímos un mojón en el que ponemos la bandera de conquista, construída con alambre que llevábamos y un pañuelo; luego firmamos la escalada en la libreta de nuestro Club, la cual depositamos en el interior de una cajita de hojalata que servirá de registro.

Cuando decidimos el descenso, coincidimos todos en efectuarlo por el lado E. por resultar un descenso extraordinario y emocionante a la vez. Espunyes es el único que lo hace por la vía de ascensión para poder recuperar los clavos y mosquetones que nos han facilitado la conquista de la roca.

Con una doblada de treintametros de descenso por la pared vertical y con desplomes, al final de la cual hay que descender al péndulo, nos hallamos en una plataforma que tiene roca por aquel lado.

Nos encaminamos después hacia el sitio en donde los compañeros Muntanyá y Montfort han hecho de espectadores, quienes nos tienen preparada una suculenta comida que hace rato ya teníamos necesidad de absorberla.

A media tarde, de regreso a Monistrol, y en los alrededores de Coll de Porc, vamos contemplando todavía la silueta de El Cilindre, cuya roca ha recobrado su libertad y omnipotencia.

Luis SERRAT OLIVA