PRIMERA ASCENSIÓN INVERNAL EN LA PARED N. DEL PEDRAFORCA"
por Raimundo Estrems y Francisco Farrés
Día 2 de Abril de 1942.- Estamos montando nuestro campamento en la Jaça dels Prats, maldiciendo la espesa niebla que nos rodea, pues hace justamente un año que también andaba por allí con el mismo objetivo, es decir, la ascensióm invernal a la pared N. de Pedraforca. Entonces, había atacado la pared pero sin resultado positivo.
Nos quedan aún cuatro horas de luz, que aprovechamos yendo hasta el pie de la pared para comprobar el estado de la nieve. Por la noche, después de cenar, preparamos nuestras mochilas con el material de escalada y un poco de comida, y nos echamos a dormir.
Nos despertamos cuando está ya amaneciendo; muy tarde para nosotros. En seguida almorzamos lo más rápido posible, y siguiendo las huellas del día anterior subimos por el bosque.
Son la ocho cuando las primeras dificultades noa obligan a encordarnos. Nos atamos a veinticinco metros; distribuimos el material y nos engrasamos las manos, pues hace frío y hemos de operar sin guantes.
Después de cruzar una gran pala, entramos en la canal que desciende del Gat, y a los 40 metros de ascensión tocamos la roca por primera vez, presentándose 10 metros de pared vertical en donde notamos el estorbo de los zapatos y la frialdad de la roca. Con cinco pitones vencemos estas dificultades y non encontramos de nuevo sobre la nieve.
Ascendemos por el interior de la canal, por la nieve abundante y dura que nos permite avanzar con relativa rapidez y asegurarnos perfectamente con el piolet. Aumentan las dificultades 70 metros más arriba, apareciendo nuevamente la roca cubierta de vez en cuando por una capa de hielo. Avanzamos con lentitud, 50 metros, hasta un rellano, encontrando otra vez la nieve abundante. Luego abandonamos la canal y ascendemos por una pala, ganando 100 metros con bastante rapidez.
Al terminar la pala, la pared continúa vertical. A unos 30 metros a la izquierda vemos la canal llena de nieve que ya ha perdido la verticalidad. Avanzamos hacia allí por la roca, que nos presenta todos los rellanos y agarraderos cubiertos de hielo, pero asegurados continuamente a través de clavijas, llegamos a la canal, interceptada unos 70 metros más arriba, por un gran desplome.
Buscando lugar apropiado para pasar de la canal a una pala, que queda 100 metros encima de la que cruzamos anteriormente, ascendemos 30 metros hasta tocar la pared de la canal. Allí nos reunimos e intentamos continuar por la roca. Pitonando continuamente gano 10 metros, pero con las manos frías y la poca adherencia de los zapatos, me veo obligado a retroceder.
Lamentando el tiempo perdido continuamos por el pie de la roca, en búsqueda de un sitio más practicable. La pared, treinta metros más arriba, continua vertical, por lo que decidimos pasar la roca lo más pronto posible.
Haciendo equilibrios sobre una pequeña piedra, me cambio los zapatos por las alpargatas y empiezo a subir, pitonando, para evitar una muy posible caída, puesto que la mayor parte de los agarraderos están cubiertos de hielo. En un pequeño rellano aseguro a Farrés, que asciente hasta el primer pitón, y disponiendo así de más metros de cuerda, pueda alcanzar una cornisa que me permite asegurarle convenientemente. De esta manera, a medida que va ascendiendo, quita los pitones, y se reúne conmigo.
Comentando el paso, hago el cambio de calzado, y luego, continuando por la roca, sin dificultades, llegamos a la pala. Desde allí observamos el camino a seguir, viendo a 200 metros encima nuestro la pared que se presenta lisa y vertical, terminando en desplome.
Ascendemos en diagonal, a través de dos palas divididas horizontalmente por una faja de roca, llegando a una arista donde el desplome desaparece pero la roca continúa vertical, cortándonos el paso. Al otro lado de la arista, a unos quince metros pared abajo, una cornisa ascendente nos ofrece camino para situarnos en una canal donde pensamos encontrar posibilidades para seguir adelante. Preparamos una doblada para descender hasta dicha cornisa cunado Farrés, consultando su reloj, me dice que son las cuatro y que deberíamos comer; sin repetirlo otra vez, nos sentamos en el pequeño rellano en que estamos situados, comentando al propio tiempo nuestra aérea situación.
Terminado el "banquete", nos preparamos rápidamente para continuar, pues es tarde y nos falta todavía 300 metros para alcanzar las cumbres.
Farrés empieza el descenso desapareciendo pronto a mi vista, y a poco le oigo clavar un pitón, lo cual me indica que ja llegado a la cornisa. Pronto me llama para que me reúna con él, y mientras desciendo puedo comprobar lo aérea que es la doblada, pues cientos de metros de la pared cortada a pico quedan debajo nuestro. Unos metros más abajo la roca pasa de vertical a desplome, quedando colgado en el emocionante vacío. Al llegar a la cornisa encuentro a Farrés asegurándome a través de un pitón.
Acto seguido continuamos por la cornisa que termina a unos 40 metros pero ya encima de la canal que anhelábamos, y con una segunda doblada nos situamos sobre la nieve de la canal, por donde ascendemos 50 metros, y luego, dejándola a la derecha, subimos por la roca que se nos presenta bastante descompuesta. Con ayuda de algunas clavijas ganamos de nuevo la arista, a unos 100 metros encima del lugar donde la habíamos abandonado.
Hostigados por el deseo de ganar la cima, ascendemos por la roca, sin la menor dificultad, llegando a la gran pala final. En este sitio tomamos nuevamente el piolet, que ya empezaba a aburrirse, y cruzamos dicha pala, alcanzando el "Collet de la Cova", en cuyo sitio termina nuestra ascensión, y a las ocho de la tarde.
Después de una tormenta, que nos retiene por aquellas cumbres, llegamos a Saldes a medianoche.
A la mañana siguiente, desde nuestro campament en la Jaça de Prats, contemplamos la muralla N. de Pedraforca, donde hemos luchado y hemos vencido.
Raimundo ESTREMS.