ESCALADA A LA ROCA DE "TRENCABARRALS" DE MONTSERRAT
Es seguramente debido a su aspecto inocente, que a primera vista presenta dicha aguja, el motivo de no haber sido escalada mayor número de veces; no obstante nosotros, seguramente por el hecho de habernos caído en gracia, no cejaremos hasta haber sentado el pie en su cima.
Previa inspección hecha en días anteriores, nos lanzamos por una pequeña canal que se desprende de un recodo del camino, la que paseando por el pie de dicha aguja viene del Pla dels Aucells y va a juntarse con el camino de San Juan a San Jeroni, descendiendo de cinco a seis metros y empezando la escalda por un pequeño árbol situado junto a la pared desde la cual, atravesando horizontalmente hacia la izquierda nos situamos en pleno contrafuerte donde ascendemos cosa de unos nueve metros en dirección vertical. Colocamos un pitón para aseguranza y continuamos con tendencia hacia la izquierda, donde al cabo de unos ocho o nueve metros más, aprovechando una pequeña rendija, coloco otra clavija como medida de seguridad. Ocho metros más y entro de lleno en la grieta que la raya en su totalidad, donde coloco la tercera clavija. Continúo hacia la izquierda cosa de cinco metros hasta que la grieta más enderezada, y con algunos arbustos con tendencia vertical, termina el rellano de la aguja; hasta aquí son treinta y cinco los metros de cuerda que arrastro tras de mí, por lo que me dificulta un poco los movimientos, pero llegado a dicho rellano aseguro a mi compañero que recupera rápidamente los tres pitones y en pocos momentos se reúne conmigo.
En este punto hacemos un pequeño descanso; seleccionamos seis pitones que suponemos los más adecuados, y, previa colocación de una clavija para hacer más efectiva la aseguranza, me traslado hacia la izquierda, en donde la cornisa resulta imaginaria, ya que la pared pasa decididamente de la vertical a desplome, pero con buenos agarraderos. Coloco un pitón a unos metros de altura y con la ayuda que me proporciona mi compañero tirando de la cuerda con fuerza, logro ascender y agarrarme a un pequeño arbusto donde coloco un lazo de cuerda.
Esta maniobra la he efectuado suspendida del brazo izquierdo y, debido
a la fatiga, inmediatamente después de terminar el lazo he tenido
que descender hasta la cornisa para tomar un poco de alimento; vuelvo
a situarme otra vez en dicho arbusto y atravesando unos dos metros
hacia la derecha logro situarme encima de otra planta y colocar a la
altura que me permiten los brazos levantados, una clavija con su correspondiente
mosquetón; ayudado por mi compañero logro ascender cosa
de tres metros y colocar un pitón especial que ofrece bastante
seguridad. Aquí la dificultad es un poco acentuada y sólo
a costa de tiempo y esfuerzo coloco otro pitón que permite situarme
unos dos metros encima del otro, y es a costa de una lucha continua
con las puntas de los pies y de las manos que logro ascender otros
tres metros, donde coloco el segundo pitón especial. Sólo
falta ya un pequeño techo hasta el último trozo de canal
más poblado de vegetación y que permitirá seguramente
un más rápido ascenso quizá hasta la cima, y es
después de mucho rato de tanteo, y un tanto agotado ya, que
me decido a descender hasta la cornisa, donde mi compañero se
extraña un poco al verme, pues ya me creía al final.
Tengo que efectuar un cambio de calzado, ya que mis zapatos de fieltro
prensado, debido al continuo trabajo de puntas, han quedado inservible,
habiéndome proporcionado, no obstante, una adherencia inigualada.
Es ahora que mi compañero se brinda a efectuar el último
trecho de la escalada que promete ser un poco comprometido. Se provee
de dos pitones especiales con sus correspondientes mosquetones y un
par de lazos de cuerda, y ayudado por la cuerda que he dejado puesta
se sitúa rápidamente en el último pitón,
donde coloca un estribo y después de largo tanteo, asciende
trecho a trecho con seguridad por aquella roca tan descompuesta, y
que brinda tan pocas facilidades. La lluvia de piedras es continua,
y tarda unos momentos en cesar y empezando a volar broza proveniente
de la canal superior donde, después de haber colocado un lazo,
asciende los once metros verticales que le separan de la cima, donde
se coloca momentos después. Subo recuperando los pitones y lazos
y dentro de pocos minutos un enérgico apretón de manos
nos une en su cumbre.
Es después de sustituir una pequeña caja de hojalata que continua los datos de las tres ascensiones anteriores por una caja hermética con las iniciales del G.A.M., y de haber tomado nota, que empezamos con doblada el descenso de veintiocho metros, que nos sitúa en la cornisa y con otro de treinta metros damos por terminada la escalada; abandonando en este último un pitón de anilla.
Nota técnica de la escalada.- Altura total de la escalada: 62 metros; 5 pitones en el desplome (3 de los 5 especiales) y 3 en la base. Trecho del desplome muy expuesto, con dos pasos muy difíciles. Horas de escalada efectiva en cordada de dos personas: 4 horas y media. Componentes: Raimundo Estrems y Jorge Ferrera.- Día 23 de febrero de 1941.
Jorge Ferrera
Febrero de 1942