PRIMERA ASCENSIÓN AL "SENTINELLA DEL BARRANC DEL BRUCH DE MONTSERRAT"

Efectuada el verano del 1942, por J. Panyella y J. Ferrera

Montserrat. La máxima prueba de los escaladores de roca (1), la palestra que ha puesto en situación difícil, a escaladores pirenaicos y dolomíticos, de reconocida solvencia. Uno de los pocos tipos de roca que no admite técnicas de ascensiones a la Dülfer o a la Comici y que reclama para sí una técnica especial, refinada. Selección de los máximos adelantos que en materia alpina han surgido. Como es natural, la aplicación en más o menos escala de dicha técnica, ha traído como consecuencia lógica la realización de ascensiones, diez años atrás totalmente inverosímiles.

Una escalada de este orden, es el "Sentinella del Barranc del Bruch". Su característica diversidad de pasos, hacen de dicha aguja, una de las más interesantes de aquella zona.

Nuetro primer encuentro, se efectuó una plácida tarde cuando nos dirigíamos a vivaquear al pie del "Gegant Encantat" para intentar su primera ascensión, la que realizamos al día siguiente. Nos acompañaba Ramón de Semir, y aprovechábamos a la sazón los últimos rayos del sol poniente, para observar desde el flanco oeste de la sierra de las "Paparres" el dilatado panorama hacia los Bruchs. Nos llamó la atención su forma curiosa y por ella, decidimos llamarla "Agulla Doble", entretanto no conociésemos su nombre efectivo. Desde aquella fecha pasó al "fichero de primeras" o en cartera, para mejor ocasión.

Esta se presentó un tiempo después, y es con Pany que realicé el primer intento, que sólo sirvió para demostrarnos la imposibilidad de ascensión por la pared N.O., y descubrir al mismo tiempo unas clavijas que supusimos debieron pertenecer al grupo que escaló por vez primera , en su totalidad, el célebre "Cavall Bernat" (2).

Como consecuencia, el segundo ataque lo realizamos por la pared opuesta, y entre las primeras dificultades vislumbramos ya la posibilidad de una ascensión por aquel lado, la cual describo a continuación:

Inicio por una pequeña balma que se extiende por unos metros con una inclinación negativa un poco fuerte. Tres clavijas con poco intervalo facilitan el acercamiento a una fisura horizontal, para alcanzarla, ayudo a Pany que, subido a mios espaldas, logro colocar una buena clavija que servirá para iniciar una "travesada" de flanco hacia la izquierda. Este paso de flanco de mediana dificultad, es resuelto con tres pitones. Conduce a una gran fisura que, desde el sitio llamado "collet" hasta la base, raya por ambas partes el doble monolito.

Situados ya en el mencionado "collet" al que nos han conducido fáciles presas, iniciamos de cara a la aguja pequeña un paso de flanco ascendente que nos sitúa de lleno en dicha aguja. Al cabo de unos metros tomo el cambio de la cordada y en cabeza, supero unos metros algo difíciles y, haciendo algún esfuerzo por la escasez de presas, logro alcanzar el principio de una fisura terriblemente descompuesta, que nos solucionará los próximos metros.

Colocada una clavija, ayudo a Pany a subir a mi espalda, el cual, tras cortos forcejeos, logra clavar otra clavija de las llamadas "de tamaño natural" extralarga, de quince a veinte centímetros, y que cede al someterla a una pequeña tracción, con el natural descontento nuestro ya que estamos solamente asegurados por un pequeño pitón clavado en terreno descompuesto.

Con el ánimo en tensión y una aseguranza más moral que efectiva, por la carencia absoluta de buenas rendijas pitonables, sigo las evoluciones de Panyella en el pitón superior, que parece haberse convencido de nuestros deseos de ayuda efectiva, ya que inmediatamente después de haber clavado mi compañero otro de ellos y ya seguro, viene a mis manos sin casi haber efectuado ningún forcejeo. Hemos estado de fortuna, ya que a veces se desprenden en el preciso instante de confiar en ellos.

Con todo esto, es ganado un pequeño rellano descompuesto (característica de todas las cimas montserratinas) y tras un corto descanso, es alcanzada la pequeña cima de la aguja pequeña, con la ayuda de unos pocos pitones.

Su cúspide es tan reducida, que no permite estacionarnos los dos a la vez, si no es sentados, como en el lomo de un asno. De esta forma, aseguro el paso a la aguja mayor. Paso de gran impresión, ya que a pesar de ser en este punto mínima la separación de las dos agujas, lo que permite el paso de una a otra en una sola larga zancada, la vertical que desciende de este punto, llega hasta la base, dando un gran atractivo a tan aéreo paso.

Momentos después es pisada la cima principal y con ello, es completada la ascensión.

Una gran paz invade los embrozados canales, y sólo es turbada por el chillar de alguna que otra golondrina, que parece querer saludarnos con sus rasantes vuelos.

Han transcurrido unas cuatro horas desde el ataque, tiempo que, como es natural, será reducido en próximas ascensiones.

Atados a dos cuerdas de treinta metros cada una, y actuando en algunos puntos (balmas) con técnica de doble cuerda, hemos utilizado unos dieciséis pitones, de ellos, tres abandonados y nueve mosquetones.

Adaptada su dificultad a la escala Italiana o de Welzenbach, se la ha asignado un 6º grado inferior de dificultad, siendo la altura total de la escalda de unos setenta y cinco metros y la mediana de la aguja, unos ciento nueve metros.

En fin, la vía de ascensión al Sentinella se ha efectuado. Quien en el futuro repita nuestra ascensión, no tendrá la preocupación de tantear ni elegir una nueva vía, más tampoco sabrá aquel gozo, profundo, que el alpinista vencedor de la naturaleza difícil y rebelde, llama creación.

Jorge FERRERA (el G.A.M.)

(1) Se entiende en las ascensiones difíciles. Nota del A.
(2) Hasta la actualidad no he podido comprobarlo.